Archive for the ‘Crónicas’ Category

Llegó noviembre de 2011 y el FIB anunciaba a The Stone Roses como cabeza de cartel. Un mes más tarde, el BBK Live hacía lo propio y comunicaba que Radiohead aterrizaría en Bilbao en verano de 2012. Y el dilema para los que, como yo, decidimos escaparnos en verano a disfrutar de los festivales, se hacía cada vez más grande. Fue entonces cuando, un desconocido para mí, Optimus Alive facilitó las cosas: ¿por qué no traer a los dos?, pensarían los organizadores de este festival celebrado a las afueras de Lisboa. La decisión ya estaba tomada, nos íbamos a Portugal. Son sólo dos grupos, pensaréis algunos. El “problema” es que la cosa no terminó ahí; durante los meses siguientes, a los dos anteriores se sumaron The Cure, Justice, Miles Kane, Metronomy, The Maccabees, Mumford & Sons y un largo etcétera. Lo vivido en el país vecino tardaré en olvidarlo. Pocas veces se puede disfrutar en menos de tres días del grupo que líderó hace poco más de dos décadas la escena Madchester  y al que le hizo falta sólo un disco para conseguirlo. Otro tanto se apunta Radiohead. La banda encabezada por Thom Yorke lleva innovando desde 1993 y, visto lo visto, les queda mucha cuerda todavía.

He de decir que no he visto a todos los grupos que me hubiese gustado. Parte de culpa la tienen los horarios. Portugal no es España y a las cuatro de la mañana toca recogerse. Por consiguiente, las actuaciones comienzan demasiado pronto, casi en la sobremesa. La única pega a un festival que, de aquí en adelante, habrá que tener más en cuenta.

VIERNES – 13 DE JULIO

El debut. Sonaban a lo lejos Snow Patrol mientras recogía la pulsera. Quedaba poco más de una hora para el plato fuerte del día. The Stone Roses hacían su aparición en el Palco Optimus tapados por una fina capa de lluvia. El ritmo in crescendo del bajo de I Wanna Be Adored rompía el sliencio. A continuación vendrían Mersey Paradise y (Song For My) Sugar Spun Sister. Para entonces, servidor ya deliraba. Me sorprendió gratamente Ian Brown; el vocalista y líder del grupo está en un momento de forma muy dulce. Canta casi como hace 23 años. El concierto (el mejor junto al de Radiohead) continuó con Sally Cinnamon, Ten Story Love Song y Where Angels Play. Varias partes instrumentales con un impecable John Squire como maestro de ceremonias sirvieron para encender a la gente. La parte final del recital, épica. Waterfall, Don’t Stop, Love Spreads, Made Of Stone, This Is The One, She Bangs The Drums y el himno I Am The Resurrection ponían el colofón. Dos hooligans de Manchester me preguntaron que por qué gritaba. Les dije que la música le debía mucho a su ciudad. Murmuraron agradecidos en ese inglés mancuniano tan característico. Sí, ese que tan popular han hecho The Smiths, Oasis… El cuarteto saludaba a la muchedumbre. Quién sabe cuándo volveremos a disfrutar de los Ian, Remi, Mani y John en un futuro.

The Stone Roses | Foto: elaboración propia

Otro de los grupos destacados de la jornada era Justice. El dúo francés levanta muchísima expectación allá por donde pasa. No es para menos. La sesión, nada que ver con los álbumes, no da respiro alguno. El juego de luces, espectacular. Público entregado desde el primer ‘beat’ en un show en el que no faltaron ninguno de los hits imposibles que salen de las manos de Xavier y Gaspard. Los franceses están a años luz en esto de la electrónica. La primera piedra (y la más importante) la pusieron Daft Punk, allá en los 90. La herencia, con grupos como los citados Justice o el también dj SebastiAn (del que hablo más adelante), es inmejorable.

Justice | Foto: elaboración propia

SÁBADO – 14 DE JULIO

El ‘cabezón’ en el segundo día de festival era The Cure. He de decirlo, no es un grupo que me despierte demasiado entusiasmo. Decidimos acercarnos, sin embargo, para escuchar los míticos de la banda liderada por Robert Smith. Cayó Friday I’m In Love. Aparte de ser un género que no me llame mucho la atención, el concierto se alargó durante tres horas, por lo que desistí. La crítica habla maravillas de ellos, esto no es nuevo. Los ingleses continúan en un estado de forma envidiable que ya dejaron entrever en nuestro país hace poco más de un mes, en el Primavera Sound de Barcelona, en el que otro maratoniano setlist hizo las delicias de cualquier fan de la banda.

SebastiAn | Foto: elaboración propia

Y como The Cure nos había dejado un tanto fríos, de cabeza al Palco Heineken a ver a SebastiAn, es decir, más electrónica francesa. Está todo dicho unas líneas más arriba. No exagero si lo pongo a la altura de los Justice. El recital de este dj de 31 años fue dignísimo. No sólo por la música, sino por el resto de parafernalia. Junto a un púlpito desde el que pinchaba, tres pantallas: dos a los laterales y uno en el centro. La temática de los vídeos, ascenso y caída de un dictador que resultó ser el propio SebastiAn. Todo ello al compás de la música que resultó ser un engranaje perfecto. Puestos a compararlo con compatriotas como los ya citados Justice o los irrepetibles Daft Punk, no es casualidad que el joven dj sea uno de los miembros de la productora Ed Banger Records –misma productora que ambos dúos-. Electrónica, house y avant-garde de muchos quilates.

El cierre lo pusieron James Murphy y Pat Mahoney, ambos miembros de los conocidos LCD Soundsystem, en el Optimus Clubbing. Antes, también tuvimos tiempo de pasarnos por el mismo escenario para ver pinchar a los canadienses Art Department.

DOMINGO – 15 DE JULIO

Thom Yorke, líde de Radiohead | Foto: elaboración propia

Era el día grande. ¿El motivo? Radiohead. Entradas de día agotadas desde hace más de un mes para ver a la agrupación de Abingdon que, como siempre, no dejó indiferente a nadie. El previo corrió a cargo de Caribou, con un trabajo sobresaliente sobre el Palco Optimus. No es casualidad que hayan estado acompañando a Radiohead durante la gira. Después, lo gordo. Sabido es lo poco que les gusta a Thom Yorke y a los suyos los hits masivos. Llevaban mucho tiempo sin tocar los temas que les dieron a conocer hace más de 10 años y, en Lisboa, no cambió la cosa. Ni Creep. Ni Karma Police (que sí sonó en Bilbao el día anterior). Ni Fake Plastic Trees. Ni High and Dry. Si cayó Paranoid Android y unas cuantas más del OK Computer, –Climbing Up The Walls o Exit Music (for a Film)-, con lo que ya estuve más que satisfecho. La gente, por el contrario, parece que no había pagado su entrada para ver a Greenwood y compañía tocar largos instrumentales y el King of Limbs casi íntegro. Lo más destacado, en mi opinión, todos los pasajes de In Rainbows. Obviamente, es un concierto para recordar, tanto por la envergadura del grupo como por la calidad del show que se alargó durante dos horas. Además, ¿quién puede presumir de ver en 48 horas a The Stone Roses y Radiohead sobre el mismo escenario?

Antes de Radiohead y para ir calentando, nos pasamos por el Palco Heineken para ver a Maccabees. El solape era con The Kooks, grupo al que creo que le dan mil vueltas y que siempre ha estado bastante sobrevalorado. Había visto a Luke Pritchard y cía en Murcia, el año pasado y, sinceramente, me dejaron bastante frío. Con The Maccabees, sin embargo, la cosa cambió mucho. El aliciente para ver a la banda de Orlando Weeks no era otro que el último disco que se han sacado de la manga: Given to the Wild. Es curioso y sorprendente ver cómo ha ido evolucionado el grupo desde sus dos primeros álbumes, bastante más guitarreros y sucios en la composición y en lo referido al plano lírico, a este último, con temas mucho más elaborados y cambios de ritmo sorprendentes. Así ocurre en Feel to Follow, para mi gusto, el track más notable de su último largo. Para alegría del que escribe, The Maccabees están teloneando a The Black Keys a lo largo de toda su gira europea por lo que, en noviembre, podré gozar otra vez de dos grupazos en el mismo recinto y seguidos. Para mí, la sorpresa del festival.

El cierre en el festival lo iba a poner Metronomy. La crítica especializada lleva elogiando y tratando muy bien a los británicos desde el año pasado, cuando salió al mercado The English Riviera, álbum que ha ocupado los puestos altos en la mayoría de las listas. No es para menos. Metronomy es uno de esos grupos que se transforma sobre el escenario. Nada que ver su directo con lo trabajado en el estudio. El salto de calidad es espectacular. Ritmos imposibles a base de sintetizador y batería que hacen que no puedas para de mover los pies. Destacar The Look, su single más sonado con el que pusieron patas arriba el recinto. Radio Ladio ponía el punto final. Terminaban así tres días de música inolvidables.

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Chris Martin, líder de Coldplay, ayer en el Calderón | Foto: EFE

Lo han vuelto a hacer. Coldplay congregó ayer en el estadio Vicente Calderón a 55.000 personas siete meses después de su concierto en Las Ventas, donde presentaron su nuevo largo ‘Mylo Xyloto’, ante una plaza también abarrotada.

Sigue siendo más que sorprendente el poder que tienen Chris Martin y los suyos de seguir atrayendo a gente a sus conciertos, pese al extendido rumor que sigue levantando la banda allí por donde pasa: fórmula repetitiva y poco novedosa. Puede ser, pero también efectista.

¿Qué se puede esperar de un concierto que, ya de inicio, comienza con una espectacular ráfaga de fuegos artificiales la cual desprende colorido por los cuatro costados? En teoría, que el recital vaya a menos. Ni por asomo. La puesta en escena, espectacular.  El público, ataviado con pulseras luminosas que repartía la organización, hizo el resto. Como uno más, como pieza de ese engranaje tan estudiado que son Coldplay, la gente se sentía parte del show. Y eso, también les hace especiales.

Hurts Like Heaven, In My Place y Major Minus, daban el pistoletazo de salida. La tónica del concierto iba a tirar por esa vertiente. Mayoría de temas del último trabajo y del notable segundo, A Rush Of Blood To The Head. Mientras tanto, el Calderón parpadeaba (literal) boquiabierto ¿Poco novedoso? No lo sé, pero hasta el momento, a nadie se le había ocurrido.

A los mencionados temas les siguieron los himnos The Scientist y Yellow —la única representación de su álbum debut Parachutes, por desgracia, en todo el concierto—. A estas alturas, Chris Martin ya se había metido a la muchedumbre en el bolsillo. Up In Flames y Warning Sign pusieron la pausa; eran la calma que precede a la tempestad. También Princess of China, el tema en el que colabora Rihanna, y en mi opinión de lo peorcito de su repertorio, pero que fue recibido —para mi sorpresa— muy bien entre la gente.

Tempestad porque se venían Don’t Let It Break Your Heart —¿el mejor tema de ‘Mylo Xyloto’?— y la épica Viva la Vida. Sin duda, un punto de inflexión en su carrera. Es un tema hecho para este tipo de conciertos, para el rock de estadio. Por los ritmos, por los coros… porque Coldplay es un grupo que se desenvuelve como pez en el agua en estos ambientes. Por lo menos, desde su X&Y. Un huracán al que siguieron Charlie Brown y Paradise —quinceañeras, Coldplay es más que esta última—.

Otra pausa. Us Against the World y una desmejorada Speed of Sound en acústico —¿por qué?— sonaban en otro escenario improvisado al que, a despistados como yo, nos costó encontrar y que estaba situado unos cien metros por delante del escenario principal, a la espalda de la gran mayoría ¿Poco novedoso? Puede, pero tampoco a nadie se le había ocurrido antes.

La guinda la iban a poner Clocks y Fix You, emotivas como pocas —sobre todo esta última—. Imposible resistirse al líder del grupo al piano y los primeros compases de un tema que, de largo, es de los más famosos de la banda. Otro de esos himnos para tocar en estadios con el público coreándola una y  otra vez. Ni que decir tiene que, al igual que en Las Ventas, serían la pirotecnia y una plagiada insipirada y polémica Every Teardrop Is A Waterfall las que pusieran punto final a un sobresaliente concierto.

Inevitable hacer comparaciones con U2. Inevitable rendirse a lo superlativo de Coldplay. Les han tildado de previsibles, cansinos, monótonos. O les amas o les odias. Soy de los primeros. A pesar de Princess of China. Porque media hora después del concierto todavía se podían escuchar los coros de su Viva la Vida. Porque son uno de los grupos más importantes del planeta. Porque son ambiciosos. Incluso egoístas. Porque en ese egoísmo de querer ser más y más reside su grandeza.

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We Are Standard no deja indiferente a nadie. Sobre todo, si les puedes disfrutar en directo. Ayer arrasaron en la discoteca Joy, en Madrid, con un vendaval de sonidos y colorido, mucho colorido. Acompañados por un coro góspel y por un grupo de instrumentos de metal, los de Getxo se enfundaron el mono de trabajo y, a base de ritmos bailables, pusieron patas arriba la conocida, y ayer medio llena, sala madrileña.

Asomaban los primeros compases de ‘Good Ones’, cuando apareció Deu a escena. No sé si todavía es pronto para darle al líder de los WAS el calificativo de carismático, pero, ciertamente, tiene algo. Tiene presencia, tiene encanto, tiene ese don de interconectar perfectamente con su público. Y él lo sabe. Ataviado con un “traje” un tanto extraño, el vocalista hizo, junto con el resto de la banda, que el público botase con cada tema.

Riff simples, pero pegadizos, sinfonías de trompeta, como las de ‘7:45 (Bring Me Back Home)’ o la espectacular intro a ritmo de góspel de la ya nombrada ‘Good Ones’, marcan un estilo mucho más pop que el de su anterior trabajo, el homónimo ‘We Are Standard’, quizá más difícil que escuchar que el nuevo ‘Great State’, pero donde abundan canciones para hartar de moverse en la pista de baile, como ‘Bye, bye, bye’ o ‘Other lips, other kisses’.

Las influencias son bien claras. El grupo ha escuchado mucho a Primal Scream –es de notar, y mucho, la psicodelia presente en el nuevo trabajo- y el resto de bandas salidas de Manchester a finales de los ochenta, como The Stone Roses. ¿O acaso es casualidad que saquen su ‘Great State’ el mismo año que ‘Screamadelica’ cumple dos décadas y The Stone Roses se vuelven a juntar? Lo cierto es que estos We Are Standard suenan mucho a ese sonido madchester tan característico.

Su último trabajo, como ha señalado Deu varias veces, es una mezcla de lo que han sido y de lo que quieren ser. Si es así, van por el buen camino. Sigue haciéndose extraño que su música no haya llegado todavía a un público más numeroso, como puede ser el caso de otras bandas nacionales –Lori Meyers, Supersubmarina, etc.-. Pero eso no preocupa, ellos seguirán apareciendo en medios como The Guardian o Q, que sí saben apreciar el talento del grupo o ganando premios, como el MTV Europe Music Awards, en el año 2009, como mejor banda española.

“Esto se está yendo a la mierda. Es el fin del mundo”, decía ayer Deu. No sé con certeza si, de verdad, el mundo se acabará este año. Si así es, os recomiendo ir corriendo a disfrutar en directo de WAS, antes de que esto se acabe.

Se ha abierto un período nuevo en la banda. Una temporada en la que, al igual que a su querido Athletic,  les están yendo muy bien las cosas a los We Are Standard. Disfrutemos de ello.

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